[ lectura y crítica ] 

Una visita en habitaciones separadas — Juan Carlos Calderón

Una visita en habitaciones separadas

Hay momentos también en que dejamos
las palabras de amor y los silencios para
hablar de poesía.

Luis García Montero

La poesía de Luis García Montero es navegar con palabras cotidianas, en versos sencillos, la realidad que se dibuja al ritmo de su lenguaje cotidiano, lenguaje que parece saber más de lo que dice. El autor de El jardín extranjero (1983), Diario cómplice (1987), Habitaciones separadas (1994), Vista cansada (2008), A puerta cerrada (2017), entre otros, visitó Chile el pasado 19 de abril de 2023 en el contexto del VI Congreso del Sistema Internacional del Español como Lengua Extranjera (SICELE), desarrollado en la ciudad de Valparaíso. El poeta español llegaba en su rol de director del Instituto Cervantes, sin embargo, esta visita no tuvo el impacto que podría esperarse dentro del ámbito literario regional, ¿será qué su rol académico empañó su valor literario? Es una pregunta que surge después del adiós con el que el granadino se despide de esta pequeña comunidad. 

Parece no haber claridad sobre el poeta de las tierras de Lorca, que en sus caminatas por la Huerta de San Vicente iba sembrando su pasión por el lenguaje cotidiano y las experiencias del día a día, y que aparecería en el panorama poético español en 1983 con El jardín extranjero, poemario que contiene la habilidad poética de un adolescente de precocidad literaria que se abría camino en el mundo de las letras marcado por el fervor político de Granada. Montero, a pesar de no haber vivido en primera persona algunos hechos, fue capaz de retratarlos con su mirada poética. En sus primeros pasos apuesta por la sustitución del sujeto romántico de la tradición y muestra un sujeto individualista que no se define por la distancia entre el yo y la realidad social, pero que sigue ligado a los valores históricos de su generación por medio de sus sentimientos, los cuales expresan su postura moral. Estos primeros trabajos del granadino muestran su motivación por defender el carácter ideológico de la literatura y la poesía como una reflexión moral, ideas que se irían desarrollando a la lumbre de la “Tertulia”. Época en donde los amigos y las charlas de amaneceres con resaca forjarían sus primeros ideales y donde conocería a sus primeros maestros, como en sus comienzos lo fue Javier Egea. Pero quién sería fundamental en su vida poética es Rafael Alberti. El amigo de Federico García Lorca y Pablo Neruda se convirtió en la brújula de la objetividad de su poesía; formando un vínculo más allá de la admiración del uno por el otro, llegó a ser un amigo y guía de vida para el joven García Montero. 

La poesía de Luis García Montero es como un inventario de la vida. Recoge el desamor, la democracia, el amor por los libros, hasta el amor por un equipo de fútbol, el amor por los padres, los hijos, los andenes, los amigos, las ciudades, las derrotas y Almudena. Esta voz que nombra a las cosas por su nombre va más allá de su creación poética y ensayística, donde ha tenido que saber hacer escuela; y aunque a muchos críticos no les han gustado sus propuestas. García Montero ha planteado un realismo poético desde la otra sentimentalidad, lema inspirado en Antonio Machado que defiende los sentimientos como la expresión de la historia y la mirada de la realidad, donde observa el mundo desde un límite equilibrado entre el yo y la realidad, visión que marcó la generación del poeta español, identificándose así con la poesía de la experiencia, la cual, sin tener una rúbrica establecida, se puede entender como una poesía de las simulaciones, no alejada del componente ideológico. Según Xelo Candel, en su prólogo a la antología Una melancolía optimista (2019), Luis García Montero desarrollaría esta estética a partir de las lecturas de Althusser donde se

“borra el espacio lineal construido por la lectura marxista del arte como reflejo para permitir una concepción del realismo más amplia, un realismo plural y, en definitiva, dialéctico, que incorpore desde diferentes frentes las aristas de la realidad a partir de su propia artificialidad”.

Estética contemporánea que no ha estado ajena a las críticas y que podría haber tenido una respuesta por parte del poeta granadino en su visita a Chile. El autor de Vista cansada (2008) recoge la simpleza de la cotidianidad y coloca en el altar mayor de la poesía las cosas cotidianas de la vida, unas gafas, la política, la democracia, el asiento roído de un taxi; son elementos poéticos con una carga simbólica que marca a cualquier lector. La carencia de rima de sus versos no le resta melodía interna. El lenguaje de García Montero canta las realidades a un ritmo acorde a su tiempo, sin dejar de lado ni renunciar a las formas líricas establecidas. Por lo mismo, no es extraño que amigos como Sabina y Serrat musicalizaran sus versos, siendo el cantautor de Úbeda y amigo íntimo del español, quien defienda la obra de Montero como la mejor poesía española contemporánea, asegurando que son poco los poetas que pueden ser musicalizados, componente que añade más valor al trabajo del granadino, por su capacidad de transmitir en sus versos la melodía de la calle. El sentimentalismo de García Montero lleva al lector a su infancia a través de él, a ver a su familia a través de la suya, a ver sus sueños bajo el alero de sus sueños. ¿Podríamos haber visto nuestro presente en esa vista cansada? Tal vez sí, un verso podría haber sido suficiente para volver a la nostalgia de un país que se va desvaneciendo en el ritmo del tiempo. 

Habitaciones separadas ve la luz en 1994. García Montero muestra en este libro una visión crítica de la realidad desde la nostalgia y la intimidad. Esto parece haber ocurrido en su visita al país. Vimos al director del Instituto Cervantes en diálogos en torno a la importancia y conservación del español desde una perspectiva lingüística, política y social, destacando la importancia que tiene para Luis García Montero la expresión y el lenguaje de los jóvenes. Sin embargo, la puerta de la sensibilidad poética esta vez no fue abierta en Valparaíso, solo ocurrió para el protocolo establecido. Fue en Santiago en una charla con Raúl Zurita, Martín López-Vega y Elvira Hernández, en que la voz del poeta surgió y estableció diálogo. ¿Por qué no se pudo tener una conversación a fondo y conocer su obra por medio de sus palabras en la quinta región? ¿Por qué no se abrió un diálogo para los jóvenes porteños? Siendo que el poeta insiste en la importancia que debe haber entre la historia, los antepasados y las nuevas generaciones. Se pueden seguir enumerando preguntas a una visita que parece que ocurrió en habitaciones donde en una predominó el compromiso social y en la otra la sensibilidad poética.

El poeta de la vista cansada nos deja a la espera de sus palabras como un diario cómplice sufriendo en un invierno propio, a pesar de que el contexto ameritaba que su trabajo como director del Instituto Cervantes fuese el primordial, no le resta importancia y a su vez no debía quedar en segundo plano su aporte literario, un autor heredero y amigo de los grandes andaluces como Rafael Alberti, Antonio Machado, Federico García Lorca, Luis Cernuda y Juan Ramón Jiménez, no debió pasar por estas tierras sin retratar un verso frente al mar.

Juan Carlos Calderón


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