[ lectura y crítica ] 

El escritor en el destino del siglo XX — Vintila Horia

Introducción

Vintila Horia (Rumanía, 1915 – Madrid, 1992) es uno de los grandes nombres del pensamiento del siglo XX. Su obra testimonia la fidelidad por la Tradición y su continua querella contra los crepúsculos espirituales que asaltaron su siglo. Antimoderno y disidente, sufrió en carne propia numerosos exilios, de su país natal, en primera instancia, producto de los cargos diplomáticos que ostentaba durante la Segunda Guerra Mundial (entre el Eje y la ocupación soviética), y luego, acusado de fascista y reaccionario, como desterrado en distintos países (Italia, Argentina, Francia, España).

La conferencia “El escritor en el destino del siglo XX” fue dictada en la Sala América de la Biblioteca Nacional, Santiago de Chile, el 21 de junio de 1988, e introducida por el profesor de Derecho y entonces director de la DIBAM, Mario Arnello. Esta conferencia ofrece algunos de los temas presentes en su Introducción a la literatura del siglo XX, libro que recoge una síntesis de sus clases universitarias. Durante su última estancia en Chile, entre 1988 y 1989, participó en otras intervenciones en la Universidad Gabriela Mistral y tuvieron lugar las ediciones chilenas de Dios ha nacido en el exilio (junio de 1989) e Introducción a la literatura del siglo XX (noviembre de 1989), ambas en la Editorial Andrés Bello. Anteriormente, tuvo una participación regular como colaborador en Artes y letras del diario El Mercurio.

Más allá de los resquemores evidentes de Vintila Horia con la URSS y con el declinante comunismo de su época, el llamado último de esta conferencia es restablecer para la literatura aquello que estuvo amenazado por los distintos regímenes e ideologías a lo largo del siglo XX, esto es, para el autor, el amor. Pero no el amor higienizado, nos indica Horia, como aquel que se contenta con el sentimentalismo, sino el amor que movilizó a Dante Alighieri como una verdadera técnica del conocimiento, tal como en la Edad Media lo hizo en la búsqueda por la unidad.

Para la transcripción de esta conferencia conservamos las marcas de oralidad propias de su alocución, aunque prescindiendo en lo posible de las redundancias. Asimismo, se ha velado por asimilar la puntuación según el estilo particular del autor.

Benjamín Carrasco Bravo
por la transcripción, introducción y notas


EL ESCRITOR EN EL DESTINO DEL SIGLO XX

VINTILA HORIA

Desde este punto de vista, evidentemente, creo que la novela de Boris Pasternak puede ser considerada una novela crítica, pero criticando desde las profundidades de la poesía el destino mismo de la revolución soviética. Porque lo que impidió esta revolución, a lo largo de sus siete decenios de vida, tanto en Rusia como en los desgraciados países que luego han sido integrados a aquel espacio trágico, ha sido en el fondo su lucha en torno de dos posibilidades situadas dentro del marco de la libertad, y esas posibilidades son la poesía, el poder expresarse, decir el destino del hombre en la libertad y, por el otro lado, amar. Yo creo que los defectos más grandes y que están carcomiendo de adentro a la revolución en este mismo momento son la falta de libertad, la imposibilidad de crear y, en el marco de una censura permanente, la imposibilidad de amar. Desde un principio el régimen se situó en una posición adversaria frente al amor, tal como lo ha concebido siempre el hombre occiental: el amor como técnica del conocimiento. 

En ese sentido, el enemigo más grande de la revolución es Dante Alighieri, evidentemente, pues la Divina Comedia pone de relieve el secreto mismo del amor considerado por el hombre medieval, y por tanto sus poetas, como la única posibilidad del ser humano de alcanzar la verdad. Dante, al final del Paraíso se encuentra con Dios, donde lo lleva Beatriz, o sea, su amante. El símbolo de todo esto es que un hombre entero no puede vivir como es debido y no puede crear como es debido sin la ayuda de la mujer, o sea del amor. Pues la revolución soviética ha separado al hombre de la mujer y ha prohibido el amor en la sociedad como en la literatura. No hay idilio amoroso en el marco del realismo socialista. En ese sentido, el Doctor Zhivago, como oposición de profundis ante la revolución, constituye para mí uno de los primeros ataques fundamentales al sistema considerado por el poeta como anti creador, por la falta de libertad que impone y por su actitud ante el amor.

[Antes que Un mundo feliz], de Huxley, nos encontramos en el espacio soviético con una novela que podríamos considerar como precursora incluso de Orwell, que es Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, libro que se escribió en Rusia en los años 20, donde fue prohibido. El autor lo publicó más tarde en los Estados Unidos, luego en todos los idiomas, menos en ruso. Se publicó poco después de la Segunda Guerra Mundial un libro extraordinariamente significativo: 1984, de Orwell, libro que me parece, en el marco de esta conferencia, da cuenta acerca de nuestro destino, pero acerca del destino del mismo autor.

Como sabemos, George Orwell en su juventud fue un escritor militante en el marco de las extremas izquierdas del Partido Laborista, el socialismo inglés. Impresionado por la mala condición de vida de los obreros y mineros en Inglaterra, escribió una serie de novelas y reportajes dedicados a poner de relieve ante los ojos de la sociedad inglesa la vida deplorable de los mineros británicos. Cuando estalla la Guerra Civil en España, Orwell se va enseguida a España y lucha en el frente aragonés en contra de los nacionales. Es herido, llevado a Barcelona y durante su presencia en el frente vive lo que los griegos llamaban una metanoia, o sea un cambio total de posición. Vuelve a Inglaterra y escribe dos libros terriblemente críticos en contra del comunismo: Rebelión en la granja, es uno de ellos, y 1984, sumamente interesante para nosotros porque es la proyección hacia el futuro británico occidental de una sociedad comunista oriental. En ese sentido podríamos decir que es el primer libro que se escribe en Occidente mirando el año 1984 bajo el aspecto de una sociedad caída en la trampa comunista. 

El libro se escribió poco después de la Segunda Guerra Mundial. 1984 aparecía en el año 1946, una fecha muy lejana a Orwell. El escritor vivió y pasó el año 1984 y hace cuatro años, precisamente, la crítica se preguntó si las profecías de Orwell se habían cumplido o no. Hace tiempo que lo habían hecho, pero nosotros no lo hemos percibido, porque no se trata de tener hambre o de vivir miserablemente como lo hacen los personajes de 1984. Se trata de otra cosa , no sólo de las torturas terribles a las que es sometido el personaje principal, como en una cárcel soviética en el libro. Son páginas tremendas que difícilmente uno puede volver a leer. Aquellas páginas que dan cuenta de hechos contemporáneos tan terribles que uno no puede leerlas porque no acepta ser contemporáneo de aquello y, sin embargo, en las cárceles de Rumania, Rusia, Polonia, Bulgaria; de todos los países de la Europa oriental esto ha sucedido en los últimos setenta o cuarenta años. Lo importante en el libro, y esto constituye una especie de contrapunto con respecto de la novela de Pasternak, es lo que observa Orwell: impresiones que recoge en los ambientes que él vive en España, en la España roja de entonces, o a través de los testimonios de la gente que venía del este. De cualquier manera, las antenas que posee un escritor de esta talla prescinden de cualquier testimonio realista. Él siente de una manera íntima lo que pasa lejos o sueña con aquello, pues lo que sucede en 1984 es lo que sucede también en el Doctor Zhivago, pero no en el pasado, sino en el futuro. Los futurólogos y los informáticos, cuando dicen que el futuro es el pasado, lo saben muy bien. 

La tragedia de la novela de Orwell es la imposibilidad de amar, pero esto no aparece en libro de forma simbólica como en la novela de Pasternak, sino bajo forma casi periodística. La novela de Orwell es casi un reportaje en profundidad, una novela que describe con muchos detalles la forma misma de aquella utopía dominada —como la utopía presente— por la prohibición del amor. Es lo que infringen en el fondo los dos personajes (un chico y  una chica) en el marco de una sociedad de este tipo, la misma sociedad que describe Pasternak. Se encuentran por encima de las leyes de esa tremenda sociedad y realizan, en el marco de aquel desierto anímico, el milagro del amor. Esto no dura mucho. La policía está allí, encima de ellos, los descubren, los separan. Desde un principio torturan tanto al hombre como a la mujer. El lector asiste a la transformación a través de la tortura del muchacho culpable de haberse enamorado de una chica. La tortura trata de separarlos en el alma, al mismo tiempo de sustituir a la mujer amada por el Hermano mayor, el jefe de aquella sociedad. No sólo esto, cuando el protagonista de la novela se deja vencer a través de la tortura y se separa de la mujer, lo difícil es susturirla por el Hermano mayor: amar al Hermano mayor y odiar a la mujer amada. Esto dura otros meses y otras páginas de descripciones hasta que por fin se da por vencido y reconoce que ama al Hermano mayor y que odia a la mujer amada. 

Es el fin, en el fondo, la meta perseguida por este tipo de régimen en todos los países que han tenido la desgracia de caer en la trampa de la utopía. Pero, la pregunta que nos plantéabamos —con esto termino— yo y Abellio en aquella conversación parisina, era por qué en un siglo tan civilizado como el nuestro, el hombre y el escritor que representa el drama humano han sido obligados a vivir y a describir aquello. Las raíces de ese drama se hunden en uno de los más profundos. Yo me he planteado muchas veces el problema, el drama más profundo de nuestra propia cultura occidental. El otro día en la Universidad Gabriela Mistral traté de explicar esto con más detalles. Hay un momento privilegiado, en el mal sentido de la palabra, en el siglo XVII, cuando la filosofía sustituye las otras técnicas de conocimiento, cuando Descartes y el racionalismo separan el mundo en dos de manera tajante: el mundo objetivo y el mundo subjetivo, res cogitans y res extensa. Esta separación es contraria a la manera cristiana de enfocarlo todo bajo el concepto del amor —que es subjetivo y transforma al otro en otro yo— y donde el conocimiento es posible porque se alza a través del amor —amas al otro como te amas a ti mismo. Esto implica una técnica del conocimiento subjetivo, religioso, como también separada de la técnica racionalista.


NOTAS

  1. Raymond Abellio (Toulouse, 1907 – Niza, 1986), político y escritor francés. Como pensador, inició sus participaciones políticas en el ala de la extrema izquierda francesa, para luego inclinarse, decepcionado, hacia los estudios gnósticos y la exégesis bíblica. Durante la Segunda Guerra Mundial fue acusado de colaboracionismo y, tras la Liberación, debió exiliarse a Suiza. ↩︎
  2. Se refiere a Dios ha nacido en el exilio (1960), novela en la que a manera de diario se narran los años de destierro del poeta latino por orden del Emperador Augusto. Ovidio fue exiliado al país de los dacios, actual Rumania, país natal de Vintila Horia. El exilio como tema literario está presente en gran parte de su obra, lo es en las novelas La séptima carta (Platón), en el Greco y en El caballero de la resignación (Radu Negru), además de dedicarle un lugar importante en su trabajo ensayístico. ↩︎
  3. Celebrado entre agosto y septiembre de 1934, el Congreso estableció los lineamientos que debía seguir la literatura soviética, así como las bases del Realismo Socialista, lo mismo que la instauración de aparatos de censura presididos por Andrei Zhdanov, en nombre del Comité Central. ↩︎
  4. La traducción de Doctor Zhivago, realizada por Pietro Antonio Zveteremich, se publica el 23 de noviembre de 1957 por Feltrinelli Editore, Milán. Aunque el manuscrito circulaba en algunas revistas soviéticas desde el año anterior, las cuales lo habían rechazado. ↩︎
  5. Giangiacomo Feltrinelli (Milán, 1926 – Segrate, 1972) también habría sido expulsado del Partido Comunista Italiano (PCI) luego de la publicación de la novela de Pasternak. ↩︎
  6. Es la relación epistolar entre Boris Pasternak y Renata Schweitzer, poeta y traductora alemana. Su correspondencia inició en 1958 y sólo se vio interrumpida por la muerte de Pasternak, acaecida en 1960. El mismo Vintila Horia se encargó de presentar la edición en español editada por Guadarrama en 1968 bajo el título de Cartas a Renata. ↩︎
  7. Ver Introducción a la literatura del siglo XX, de Vintila Horia. ↩︎
  8. Ver nota 2. ↩︎
  9. El libro de Hans Sedlmayr (Hornstein, 1896 – Salzburgo, 1984) se titula, justamente, La pérdida del centro (Verlust der Mitte, 1948), traducido también como El arte descentrado. Junto con La revolución del arte moderno, constituyen dos libros fundamentales en la historia del arte para comprender la eclosión de la contemporaneidad estética. ↩︎
  10. La expresión “el infierno son los otros” de Jean-Paul Sartre (1905 – 1980) se registra por primera vez en A puerta cerrada (Huis clos), obra dramática estrenada en 1944, en boca del personaje Garcin. ↩︎


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