[ lectura y crítica ] 

Goran, en Silesia — Bernard Quiriny

Goran, en Silesia
(Diez ciudades, I)

Bernard Quiriny
Traducción de Archie Morales Romo

En Goran se hablan tres idiomas, todos derivados del polaco y son casi iguales. Entre ellos, el noventa por ciento del vocabulario es idéntico, lo mismo ocurre con todos los nombres propios; solo la conjugación difiere notablemente —y, aun así, solamente para ciertos verbos. En general, los tres idiomas son comprensibles para cualquier polacófono, quien no notaría muchas diferencias con el polaco-estándar: en Goran, Varsovia y Katowice, se habla, grosso modo, el mismo idioma. Sin embargo, los habitantes de Goran entre sí no se comprenden en absoluto. Todo se dice y se escribe de manera casi similar en sus tres idiomas, pero hay un bloqueo mental que hace que cada uno solamente hable uno de ellos y se niegue a escuchar a los demás. En matemáticas, se podría decir que Goran viola la ley de la transitividad: si P es un hablante polaco cualquiera, g1, g2 y g3 las tres variantes habladas en Goran, y si P comprende fácilmente tanto g1 como g2 y g3 (P ≈ g1, P ≈ g2 y P ≈ g3), entonces los hablantes de esas variantes deberían entenderse entre sí (g1 ≈ g2 ≈ g3). Pero en Goran, esto no sucede. Gould, al regreso de su estancia allí el año pasado, me describió algunas de las curiosidades que surgen de esta peculiar situación. 

«En Goran, todo está escrito en los tres idiomas: los letreros de las calles, los carteles, los menús, todo. Pero como estos tres idiomas son casi idénticos, las inscripciones a menudo son las mismas:

—En el frontis del ayuntamiento se lee «Merostwo, Merostwo, Merostwo«, es decir, «mairie» (ayuntamiento) pero en tres idiomas.

—En la calle, los autobuses que van al estadio indican «Stadion, Stadion, Stadion«.

—En los restaurantes, «Ryba, Ryba, Ryba» (pescado), «Kurczak, Kurczak, Kurczak» (pollo), «Szynka, Szynka, Szynka» (jamón).

—Y así sucesivamente.

Es muy raro que las palabras difieran. Pero si falta una en uno de los idiomas, aquellos que lo hablan entran en pánico y pretenden no entender lo que leen, ¡aunque la palabra que usan comúnmente esté escrita dos veces! Un día, me encontré con un hombre que buscaba el hospital. Estaba parado frente a un letrero que decía «Szpital, Szpital«. Eso debería haberle dado una pista, pero resulta que faltaba «szpital» en su idioma. Por lo tanto, se negaba a entender y, ansioso, hojeaba febrilmente su diccionario (siempre se lleva uno consigo), con cara desesperada, buscando la ayuda de los transeúntes para saber si «szpital» significaba realmente «szpital» en su idioma.

En estas condiciones, no lo niego, la vida en Goran es todo un espectáculo. En la calle (ulica, ulica, ulica), la gente se habla en tres idiomas idénticos, pero no logran entenderse. En los mercados (rynek, rynek, rynek), los vendedores ambulantes alaban tres veces las virtudes de sus productos, repitiendo lo mismo tres veces. En la radio (radio, radio, radio), los presentadores se turnan para leer las noticias en tres idiomas idénticos —con diferencias apenas perceptibles para un oído no entrenado.

Mi amigo Jerzy me contó que su abuelo, quien vivía en el piso de arriba de la casa familiar y que, como algunos ancianos, dominaba los tres idiomas, tenía el cuidado de soltar insultos en el idioma que no hablaban sus nietos. Los insultos, sin embargo, son comunes a las tres lenguas; pero, en la casa, nadie más que él los entendía cuando los decía en otro idioma. Por lo tanto, Jerzy y sus hermanos solo aprendieron palabrotas cuando empezaron a ir a la escuela, junto a sus compañeros, sin darse cuenta de que eran las mismas que, desde que nacieron, su irascible abuelo había estado gritando a través de las paredes de casa».

Gould también me habló de la gloria local de Goran, un poeta llamado Dawid Wojewodzki (1900-1973). Sus libros son leídos por todos los polacos, quienes se adaptan muy bien a las peculiaridades que a veces diferencian su vocabulario del suyo. Wojewodzki canta sobre su ciudad y los campos que la rodean, diciendo que le gustaría vivir allí para siempre y seguir merodeando como un fantasma después de su muerte. En Goran, Wojewodzki es una especie de héroe, adorado por la población. La paradoja es que dos de cada tres habitantes no entienden nada de sus textos. Fue necesario esperar hasta 1977, cuatro años después de su muerte, para que una antología de sus poemas fuera traducida a los otros dos idiomas. Hoy en día, su obra está disponible en una hermosa colección de recopilaciones trilingües, con tres versiones para cada texto que, nueve de cada diez veces, son las mismas, palabra por palabra.


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Comentarios

Una respuesta a «Goran, en Silesia — Bernard Quiriny»

  1. Avatar de Gustavo Martt Escritor

    Los de Goran son un pueblo cabezadura, emperrados en no entenderse aunque hablen casi igual. Viven en una especie de delirio lingüístico donde se creen distintos, pero en el fondo son lo mismo. ¡Tremendo!

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