[ lectura y crítica ] 

Poemas de cierta vida — María Sol Pastorino

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“Creo que la escritura es un ejercicio espiritual con la materia que hay disponible en el que escribe”, me dijo María Sol Pastorino un buen día. Hablábamos en ese momento de cierta vida, poemario que se publicaría a fines de 2025, y de qué se trataban esos “ejercicios”, qué materias resultarían de todo ello. Hoy recuerdo una versión temprana de este libro. Se titulaba entonces cierto éxtasis. Para bien o para mal, sugería con este título la experiencia de un sí es no es misticismo. Me parecía llamativo que de dos anteriores poemarios, La surtidora (2019) y Un manto de basura (2022), se dirigiera a tan hondas preocupaciones que antes sólo se manifestaban mediante la transfiguración de lo cotidiano: la duda, la fe, el deseo. 

Pero un nuevo encuentro con algunos de sus pasajes, a la vista de cierta vida, me hace notar que dichos elementos estaban más que prefigurados en su poética. En Un manto de basura la divinidad estaba en el lugar de los rastrojos de palabras, en el bullicio del resplandor cotidiano; y la metafísica propia que postulaba en La surtidora aparece en cierta vida en un espacio desdibujado entre el dolor y la adoración. Así nos sorprendemos al leer estos versos de La surtidora: “Otro lugar (hacia) / el crecimiento de dios”, y nos aventuramos a afirmar que ese lugar lo ha encontrado en cierta vida, cuando reitera hacia el final: “Ahora el crecimiento de Dios hace un lugar en mí”.

En cierta vida, María Sol Pastorino posee la dispersión habitual y no por eso menos sorpresiva de sus versos. Una especie de ludismo con el que va dislocando una a una las partes de su “armadura agitada”, el habla: “Como ir perdiéndose las palabras, / traigo mis ofrendas y la desdicha / abunda”. De ahí que utilice el epígrafe de Santa Teresa de Ávila: “Yo no sé otros sentidos, con este que siempre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy bien…”. 

No es cosa menor lograrlo. La forma en cómo prescinde de partículas verbales, o bien en cómo altera el uso común de los enunciados, es un recurso que además de traicionar las expectativas lógicas, expande el juego imaginativo del lenguaje. Como se ha mencionado en otro lugar, hay en sus versos una constante “experiencia nueva” que se genera a través de la yuxtaposición de objetos disímiles, causalidades espontáneas, adjetivos que crean un elemento imprevisto antes que fungir como envolturas retóricas. Todo ello que nos parece una sutil prolongación de su estilo es, por el contrario, el momento en que atraviesa los umbrales de la escritura para conocer y plasmar sus inquietudes tal como aparecen en “los calambres de la voz”. Tan pronto como lo hacen, se silencian o se desvían. En las palabras queda lo incierto. “La voz me guía / hago el espíritu”.

Benjamín Carrasco Bravo


cierta vida
(Alción Editora, 2025, selección)

Por María Sol Pastorino

*

Invento mi morada
cada vez que arrojo los dados.

Procesión,
mi cuerpo se prepara
para flotar en una corriente. 

Desconozco los sonidos del hambre
los bichitos de luz
mastican la incandescencia
en mis noches,
bordean la paciencia,
y tengo una que otra fe.

*

Luceros, se necesitan luceros
para habitar el descampado,
los manchones o lagunas
de los llantos infantiles,
de los llantos de cocina,
de toda clase de llantos
que la casa lloverá. 
Las invenciones crecen,
Se acurrucan en mí.

*

En cambio me pueden las visiones.

El tartamudeo de la carencia,
el barrido último de una cuchara
en un sorbo de sopa. 
Los calambres de la voz 
en los solos y enfermos,
se distinguen porque los sanos,
los sanos nunca están
en el llamado del dolor. 

*

Resguárdame, Señor
de aquellas letanías
cuando hacía el espíritu. 

Armas la trizadura
de los engaños
mirando a la pared. 

Trepas la pared
la lujuria borra los planos
del orden.

Caos, Señor
suplican quiénes.

*

Madre expone
las vértebras comprimidas,
los años del servicio al amor
desvalidos. 

El exceso de fuerza
te vuelve indefensa.

Te inclinas
para escribir
sobre las rodillas.

*

¿Pureza?
blanco del sacrificio sin límites

Pierdo estabilidad,
te adoro.

La voz me guía
hago el espíritu.

La invitación
al relieve,
en la mano una lupa
divisa lamparones

que ni los divanes
su sonido.

*

Como ir perdiéndose las palabras,
traigo mis ofrendas y la desdicha
abunda

Subo a una nube,
¿a salvo?

un estado celestial, un estado bajo tierra
no hay nada raro, tantas vidas
o
aves, estrellas, nubes
conteo de dios
quién sabe qué.

*

Preludio.

El hilo se ha soltado,
las conversaciones fulguran.

Ahora el crecimiento de Dios hace un lugar en mí.

Del sentido, sí, aquello que corresponde a dejarse
tomar por otro semejante,
tomar por su ladrido, del semejante, oh, claro, un [aullar
envolvente en la intimidad

Si fuera que descansar es el deseo.

*

La división
esto que siente mi cuerpo
cuando viene la llamada,
la palabra principal. 

Quién dulzura, quién
Yo no sé otros sentidos 

me alcanzó
y ahora estoy bendecida con ella 
en la habitación del semejante.


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