[ lectura y crítica ] 
Franz Blei. Bestiario. 49 escalones

Das große Bestiarium der modernen Literatur de Franz Blei — Román Zevi González

Das große Bestiarium der modernen Literatur de Franz Blei

Por Román Zevi González

Franz Blei ocupa en la historia literaria una posición oblicua, casi invisible. Nacido en Viena en 1871, atravesó la modernidad europea con la mirada irónica de quien sospecha que toda forma cultural está destinada, tarde o temprano, a disolverse. Polígrafo incansable, crítico satírico, editor refinado, traductor y biógrafo de excéntricos, desarrolló tempranamente un método singular: observar la literatura no como un sistema de ideas sino como una fauna en perpetua transformación. Ese enfoque se cristalizó con la publicación de Das große Bestiarium der modernen Literatur, obra que le otorgó una notoriedad pasajera en el panorama intelectual de su época. Más tarde, tras la irrupción del nazismo, conocería la experiencia concreta del desarraigo y emprendería un prolongado itinerario de exilio —España, Austria, Italia, Francia y Portugal—, hasta terminar sus días refugiado en Estados Unidos.

En 1922, la primera edición de Das große Bestiarium der modernen Literatur apareció en Berlín bajo el sello Rowohlt Verlag como un objeto de rara ambición material. Los ejemplares se imprimieron en tres series cuidadosamente diferenciadas: Ausgabe A, de lujo, en papel van Geldern-Bütten, limitada a 30 ejemplares numerados, cada uno acompañado de seis litografías coloreadas a mano por Olaf Gulbransson, Thomas Theodor Heine y Rudolf Großmann, firmadas por los artistas y por el propio autor; Ausgabe B, sobre papel de trapo, con 400 ejemplares igualmente numerados y provistos de las mismas ilustraciones; y Ausgabe C, impresos en papel libre de madera, y sin litografías. Esta diferencia en la manufactura no respondía a un mero refinamiento bibliófilo: subrayaba la naturaleza híbrida del volumen, situado en una zona fronteriza entre tratado satírico, álbum artístico y rareza bibliográfica.

En Das große Bestiarium der modernen Literatur, Blei se propone describir —con la concisión de una ficha etológica— a las criaturas que habitan el mundo literario. Adopta la postura de un observador sin ira, un naturalista que reúne en una misma jaula especies que, de otro modo, podrían aniquilarse entre sí. No escribe una historia literaria ni formula juicios críticos en sentido convencional; su ambición es más extraña: captar la fenomenología de la literatura moderna, sus deformaciones, sus impulsos, sus mutaciones.

Der Thomasmann und der Heinrichmann (Thomas Mann y Heinrich Mann)

En el prólogo de la primera edición, Blei sugiere que esta fauna puede extinguirse pronto: tras la catástrofe histórica que presiente, solo quedarán fragmentos en museos paleontológicos. No habrá un nuevo Noé que construya un arca para salvar a los escritores. De ahí la urgencia de describirlos mientras aún estén vivos, recurriendo a metáforas y alegorías oblicuas, juegos de palabras y referencias veladas. El procedimiento se vuelve especialmente elocuente en ciertas entradas del Bestiarium. Así Kafka emerge como una criatura mínima y enigmática:

«La Kafka es un ratón azul lunar de aspecto majestuoso, que raramente deja verse; no come carne, sino que se alimenta de delicadas hierbas. Su aspecto fascina, ya que tiene ojos muy humanos.»

La elección no era arbitraria. Años antes de la publicación del Bestiarium, los primeros textos de Franz Kafka habían visto la luz en la revista Hyperion, que Blei cofundó y dirigió junto con Carl Sternheim entre 1908 y 1910. La relación entre ambos se sitúa, por tanto, en un terreno anterior a la caricatura zoológica: el del descubrimiento editorial. Fue Max Brod quien intercedió ante Blei para facilitar la publicación de las ocho piezas breves en prosa de Kafka. Resulta revelador que en el Bestiarium el propio Brod sea retratado bajo una fórmula irónica: 

«…Es inofensivo y toma comida de la mano, incluso cuando se le provoca. De ahí se ha concluido su idoneidad como animal religioso. Algunos predicen que el Maxbrod volverá a ser tan venerado como el Buber, el conocido animal sagrado de los judíos…»

En esta red de mediaciones —editoriales, amistosas, casi zoológicas— se dibuja una constelación fundamental de la literatura centroeuropea.

En la miniatura dedicada a Kafka se condensa una teoría entera de la modernidad literaria: fragilidad extrema, rareza ontológica, humanidad desplazada hacia lo animal. El escritor no domina el lenguaje; sobrevive en él, como un organismo nocturno expuesto a la intemperie del sentido. Una lógica semejante de reducción radical organiza el retrato de Peter Altenberg:

«Al Altenberg, o también llamado Peter, por razones desconocidas se le conocía como la extraña ocurrencia de Dios, quien aquí creó un «ser» que consistía solo de un único órgano: un ojo, dividido en mil facetas como los ojos de las moscas…».

Aquí la percepción se convierte en destino biológico. El escritor moderno aparece como un aparato sensorial hipertrofiado que termina contemplando su propio desgaste.

Wedekind (Frank Wedekind)

Otros retratos avanzan hacia zonas más sombrías. Gottfried Benn es descrito como «…un pequeño pez lanceta que se encuentra principalmente en partes de los cadáveres de personas ahogadas…», mientras Carl Einstein adopta la forma de «…una cola o cometa del cielo metafísico, que de vez en cuando, de manera inexplicable, ya que su órbita no es calculable, se desvía hacia la atmósfera terrestre, donde se calienta y chisporrotea. Su aparición en la Tierra es catastrófica para las mentes burguesas…». 

La estilización decadentista alcanza una de sus cumbres en la figura de Hugo von Hofmannsthal: 

«Este animal parecido a una gacela, extremadamente delgado y de patas muy finas, por lo que solo se pavonea, tiene un pelaje hermoso y es el producto de un interesante cruce entre una galga italiana criada por D’Annunzio, y un ciervo de Northumberland inglés, variante Swinburne…».

Tal vez el retrato más feroz sea el de Karl Kraus: 

«La Fackelkraus tiene un origen antinatural, pues nace de las entrañas de aquel a quien pretende destruir. Siempre está ofuscada por su impura naturaleza. Se distingue por su talento para imitar las voces de los humanos. Lo hace de diversas maneras. Imita con virtuosidad las voces de profetas y poetas para confundirse con ellos; las voces de otras personas, en cambio, para burlarse de ellas y destruirlas. Al enfurecerse, se vuelve extremadamente maliciosa, hasta el punto de la virulencia…».

Die george (Stefan George)

Cada entrada exagera un rasgo hasta convertirlo en destino. La sátira no ridiculiza: revela. Mediante este uso deliberadamente impropio del lenguaje, Blei capta la discontinuidad esencial de la literatura moderna: hipertrofia del detalle, ambigüedad entre palabras y cosas, proliferación de estilos como si fueran mutaciones biológicas. La caricatura se transforma así en una forma de conocimiento. El escritor deja de ser un sujeto soberano y aparece como un organismo expuesto a fuerzas históricas y psicológicas que lo atraviesan.

El movimiento del libro se cierra cuando, en la fauna que descrine, el propio Blei se incluye: 

«…Es un pez de agua dulce que se mueve ágilmente en todas las aguas frescas y lleva su nombre, «blei» en alto alemán medio y «blio» en alto alemán antiguo, que significa «claro» o «luminoso», debido a su piel extraordinariamente lisa y delgada, a través de la cual la comida se puede ver claramente con su color. Siempre se puede ver lo que el pez ha comido, y si el color del alimento es vibrante, el pez se vuelve completamente invisible, dejando solo el color visible…».

La metáfora resulta transparente. La crítica es digestión visible. El observador no está fuera del zoológico: también él pertenece a ese ecosistema. Este pez, capturado en acuarios de salón, encarna el riesgo permanente de la domesticación cultural. La libertad intelectual puede convertirse, en cualquier momento, en espectáculo.

DIE HESSE (Hermann Hesse)

Leído hoy, el Bestiarium aparece como un vasto excursus sobre la crisis de la forma en la cultura europea. Frente a las historias literarias que acumulan fechas y títulos con precisión mecánica, Blei propone una mirada dialéctica: comprender la literatura exige conocer a las criaturas mismas, sus hábitos, sus deformaciones, su modo de respirar en el clima histórico que las produce. Su sátira no ordena; disuelve. No clasifica; muestra cómo toda clasificación se vuelve inestable cuando la vida literaria entra en una fase de mutación.

Franz Blei permanece como una figura crepuscular de la Mitteleuropa desaparecida: un escritor que transitó cafés, editoriales, polémicas y exilios, dejando tras de sí una obra dispersa y difícil de fijar. Extravagante y solitario, católico tradicionalista pero cercano al comunismo, fascinado por las curiosidades morales y por el erotismo literario —que cultivó también como editor de revistas semi-pornográficas como Der Amethyst y Die Opale, a las que estaba suscrito Kafka—, se mantuvo siempre al margen del canon literario establecido.

Der tolstoi (Lev Tolstoi)

Recorrer las páginas de Das große Bestiarium der modernen Literatur produce la sensación de abrir un libro que ha sobrevivido a una catástrofe. Bajo el humor zoológico, que organiza sus retratos, se advierte una inteligencia crítica singular, capaz de reconocer la inarmonía y la proliferación de formas que definieron la literatura europea moderna. Más que un historiador o un simple artista satírico, su autor fue un observador radical de las metamorfosis del espíritu de una época.

Franz Blei, incapaz de adaptarse a la vida en los Estados Unidos, fue convirtiéndose rápidamente en una silueta cada vez más precaria. A los 70 años, murió en un hospital de Westbury, Long Island, acompañado por Hermann Broch, quien entonces tuvo la impresión de que también expiraba una tradición entera: la cultura austriaca que había dado forma a su mirada. Acaso por eso su obra aún conserva una vitalidad silenciosa, como si siguiera aguardando —al margen de la historia literaria oficial—el instante de volver a ser leída. 



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Comentarios

Una respuesta a «Das große Bestiarium der modernen Literatur de Franz Blei — Román Zevi González»

  1. Avatar de Nicholas Barnabos
    Nicholas Barnabos

    En inglés no he podido encontrar nada sobre El Gran Franz Blei. Simplemente brillante.

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