Nacida en Buenos Aires en 1952 y residente en Venezuela por más de tres décadas, Blanca Strepponi ha venido a ocupar un lugar singular en el panorama literario actual. Poemas visibles (1988), El jardín del verdugo (1992), Las vacas (1995), Diario de John Roberton (1996), Balada de la revelación (2004), Crónicas budistas (2016) y, su poemario más reciente, Hombres notables (2024), dan cuenta de ello, junto con su vasta producción en el terreno de la narrativa, la dramaturgia y la edición.
La presente selección corresponde a sus dos últimos poemarios. Un puñado de poemas en que destaca la discreción de sus personajes y la austeridad de la voz que los retrata. En él, además, encontramos a menudo ciertas fuerzas de ocultamiento: la niebla que todo lo cubre o el calor que dispersa las cosas, la vida que muda el mundo conocido apenas este se nos vuelve familiar o el arbusto que se toma los senderos reservados para el guardián del templo. De esa forma se nos aparecen los objetos y los personajes “notables” de Blanca Strepponi, no sólo en lo “ejemplar” que esta palabra conlleva, sino también en cuanto dignos de ser observados, como lo han subrayado Miguel Gomes y Gustavo Valle respectivamente: una amiga, un peluquero, el hortelano y el pastor de ovejas, vidas desdibujadas en sus contornos y que se van entrelazando en poemas aparentemente narrativos, semejantes a concentradas esquelas de realidad.
Benjamín Carrasco Bravo
Poemas de Blanca Strepponi
De Crónicas budistas
III
Noticias
Escucho entrecortada la voz de mi amiga
a 5.098 km de distancia
Dice que está bien
que la vida continúa
con interrupciones imprevistas
Que a veces encuentra lo que necesita
y muchas veces no
Dice que desplazarse no siempre es posible
Hay que tomarlo con calma
Dice que la niebla todo lo cubre
X
El calor extremo se ha llevado todo
Ya no hay electricidad
el silencio es completo
salvo el suave llanto de un recién nacido
que llega hasta mí desde algún edificio
así sin distracciones comienzo a leer
la historia cruel del hermoso caballo que robaron
en mi otra patria
para matarlo y vender su carne
También otros caballos robados
sufrieron ese destino innoble
Sus nombres tocaron el corazón de mi amigo el poeta
cuyas palabras comprendí de inmediato:
mi otra patria es el país con forma de mancha de sangre
*
Hemos conocido a alguien
casi sin pensar
casi sin prestar atención
apenas registramos algún detalle
Pero después la vida trae otras cosas
pequeñas ramas que van a dar a la orilla:
canta mantras con su voz extraña
como de otro tiempo
luego su cabello negro y liso
se hace familiar
y finalmente
un sentimiento de hermandad nos une
Un día anuncian:
ella regresa a su país lejanísimo
Y decimos adiós,
tal vez en otra vida
El jardín del templo
Es verano y ha llovido durante días enteros
la hierba está altísima
plantas, flores, árboles, frutos
parecen crecer minuto a minuto
Tal vez se sienten libres
pues no hay humanos
en estos días de vacaciones
salvo cuando llego por las tardes
para alimentar al gato del templo
Hoy encuentro que un arbusto ha extendido sus ramas
hacia el sendero reservado a las personas
como diciendo: esto ya no es vuestro
La higuera está cargada de frutas
y son tantos los pájaros que llegan a alimentarse
Las pequeñas cotorras bulliciosas e incluso un colibrí
de asombrosa y diminuta belleza
Cuando llego se escucha un poderoso aleteo
son los pájaros que abandonan el jardín de mala gana
También cientos de abejas y avispas han tomado parte del jardín
Esto ha sucedido en apenas unos días
He comprendido la lección de la naturaleza
Hoy somos pocos reunidos en el templo
Afuera se desata una tormenta
el sonido de la lluvia acompaña nuestras reverencias
Agradecemos todo
También la lluvia que lava las calles
limpia el aire
y calma la furia
De Hombres notables
Un médico de antes
Fue jefe en un gran hospital
Ha visto tantos pacientes
tantos discípulos hoy colegas
Debería retirarse, doctor
le dicen con frecuencia
porque es muy anciano
Conserva su consultorio en el mismo barrio
Una placa en la puerta anuncia su nombre
y abajo, una sola palabra: médico
Hace muchos años
hizo renovar la sala de espera
tapizada con un hermoso papel
recrea escenas de caza en la campiña inglesa
Todo se detiene en esa sala
no hay espacio para la prisa
Sus pacientes lo saben
suspiran y pierden la vista
en los bosques y sus corceles blancos
Es un honor estar allí
ser atendidos por el doctor
quizá sea la última vez
Él hace muchas preguntas
quiere entender
y anota cada respuesta
con su majestuosa pluma fuente
sobre un grueso papel blanco
luego sopla la tinta para que se seque
y nada quede manchado
Abra la boca y diga AAAA, ordena
toma el pulso
ausculta con cuidado el pecho y la espalda
como se hacía antes
En su consultorio no hay aire acondicionado
basta con un ventilador gris de grandes aspas
No hay computadoras
No hay internet
Solo el doctor alto y digno
y su fe en lo humano
El peluquero
Vive en Berlín
una ciudad hermosa y gris
la Historia pasó por allí y dejó su huella
¿Quién puede olvidar las heridas?
Las cortinas blancas no ocultan el pasado
Pero la vida se abre paso
eso también es historia
Aunque a veces la vida es demasiado corta
apenas un relámpago
Qué hacer con ese dolor
Y sin embargo él encontró
algo pequeño, una luz breve
que no es suficiente
pero es mucho
Cada domingo va al hospital
con sus tijeras y afeites
sin faltar nunca
Los niños sonríen
charlan de cosas simples
la música de moda
las mascotas que esperan en casa
se miran en el espejo, bromean
es un momento ligero
de amistad
A veces los niños se van
y es tremendamente triste
pero él lo acepta
y vuelve cada domingo
con su corazón por delante
El hombre y sus ovejas
Paulo ha nacido aquí
en estas hermosas colinas
de Covas de Barroso
al norte de Portugal
igual que sus padres y abuelos
todos pastores
En el interior de esas colinas
hay un mineral que ahora el mundo aprecia
vale mucho, mucho más que sus ovejas
Dice Paulo
sentado sobre una piedra:
la mina no traerá nada bueno
va en contra de lo que he hecho
toda mi vida
pastorear y estar con las ovejas
El pueblo es antiguo y pequeño
quizá quinientos habitantes
con sus animales
¿Qué será del agua y de los pastos?
Paulo es firme
mira a la cámara
sabe que dice la verdad
y sabe que ha perdido
*Fotografía de portada de Luba Casta, cortesía de Blanca Strepponi.


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