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Los fragmentos que conforman la siguiente muestra de Noctario —diario de noche—, son fruto de una joven pluma, Max Espíritu, quien nos brinda palabras que vuelven a su fuente y, por tanto, un pensamiento que vuelve sobre sí mismo. En sus meditaciones se desprende la imagen del fuego del que las palabras brotan y son capturadas: el tiempo, la filosofía, el cosmos o el frío que las amenaza. Estos fragmentos permiten entrever lo que habita en un alma preocupada tanto por el devenir y porvenir de lo humano propiamente tal, alma capaz de hacer danzar las palabras en un juego que las renueva, pues fue Platón —sobre quien el autor de Noctario realiza clases ad honorem— quién pensó que la palabra inspirada, cuando se orienta hacia lo alto, participa de una dimensión lúdica y también sagrada.
Marcelo Varas Miranda
Noctario
Por Max Espíritu
Nuevamente con el cáñamo verde de la escritura, ¿qué desvelarás hoy? Te cito a este encuentro, a este espacio-jardín, al huerto donde los aromas del alma pueden cristalizarse, ser humo, incinerarse. ¿A qué jugaremos hoy? ¿Serán estas palabras realmente algo vivo, algo que duerme o algo que a falta de vida hace el gesto de estarlo? Mientras se va deslizando la creación desde lo interno hacia la fuente efímera, que es la escritura, la medusa va petrificando las palabras. La piedra tiene voluntad eterna, pero la eternidad se le escapa. Entonces caemos en la reflexión, en el reflejo del tiempo y del no tiempo. ¿Será posible no pensar en él mientras tratamos de pensarlo? El tiempo. Qué novedad, qué conocido, El lenguaje, qué primicia, qué falta de primicia. Tiempo, lenguaje. Ya va siendo tiempo de dejar de hablar de este par. Pero mira que al decirlo se ha expresado el tiempo y el lenguaje.
Recientemente en las muchas reuniones a las que asistí oí decir que entre lo más valioso que los dioses mesoamericanos han podido dar está precisamente el decir. El canto, como sílaba favorita y el cantar poseído por el flujo que vive y arrebata el placer de estar siendo ese vaso que recibe y a la vez quien recibe el elixir del dios. Ser al unísono quien contempla y anticipa las palabras. Hay tanta responsabilidad, tanto por el qué responder. El peso ocurre al darnos cuenta de la expansión. Crecer, algo tan lento, tan vistoso. Aumentar, ocupar más espacio, más tiempo. Dos. Uno. Ya había perdido, ya había ganado. Es cuestión de recordar y no platonizar. Esos filósofos, cuánto han crecido, pero siguen llamándolos filósofos y con ellos los puberizan. Los granos, el vello, la súbita transformación no deja de hacer su parte en esos amigos de la sofía. La manía mira. A falta de palabras tomamos otras pues queremos más originalidad, más fuente, más cercanía. Pero esto, ¿acaso no hace sino del juego algo torpe? Conocer palabras debe ser una prioridad, y más, tener la vivencia de las palabras.
Hacer que la vida se forme adecuadamente, darle el lugar. Eso significa ser padre, progenitor, cabeza del cuerpo que crece. Y mientras más amplio ese cuerpo, mientras más miembros, el centro ordenador debe ser más apto, sublime. Y lejos de quedarse con la bondad estúpida, subir, mejorar, trepar por la escalera de valores, tomar el último de los peldaños, continuar. Que el medio círculo de aquí abajo se complete con el otro medio círculo de allá arriba. Una esfera que refleja otra. Espejos redondos, vida redonda, tiempo redondo. Desgastarse como se desgasta el cuerpo que trabaja, moldearse, llevar aire, limpiar, ser liviano, ágil, qué hermosa figura.
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El otoño, oscuridad meditativa, el reino de la oscuridad y el tener que abundar en ropas, mantener el cuerpo caliente sin ningún otro ánimo que el de estar vivo. Metiendo las bruces en la amplia cama, con suficiente espacio para una persona más, una persona que es mi propia máscara reflejada. Me toca ahora acariciar a estas palabras, a los pensamientos que brotan del corazón, a que el pulso de claridad y la frase se complete. Sé que entre aquellos dibujantes uno de los mayores logros es tener una línea, un trazo limpio, y si es posible, de un solo dejar la tinta llegar a la forma que se vio en el ojo interno. La escritura que fluye me parece semejante a tal hazaña que la disciplina del artista logra. Conseguir la fluidez de los sentimientos en el pensamiento y que el mismo ritmo de la mano que escribe se alinee a esa dinámica que se da en el pensamiento. Mi vocabulario tiende a repetir conjunciones, a usar frases inútiles y por ello a recortar. Sin embargo, esa deficiencia suele ser en algunos escenarios un beneficio, pues al no pensar por mucho tiempo noto cuanto más me falta por trabajar y así construir un lenguaje que diga lo que se tenga por decir. En la soledad de mi interior puedo dedicarme a analizar este proceso, la escritura desvela, revela, muestra, se calla y expone o presenta todos los vicios o falta de vicios. La caligrafía me seduce, pues me seduce el dibujo y me llaman las palabras. Hoy toca acariciar palabras, tenerlas cobijadas frente a este frío, en este frío, debido a ese frío que deja sus huellas en la ventana de un cuarto que estaré pronto a dejar.
Un microcosmos, un lugar donde se crearon recuerdos, personas, ideas, alegrías. Este es un sitio axial, una ética, pues es un lugar donde se ha vivido, y vivido intensamente. Con libertad, con gracia, con devoción y falta de devoción, aquí estuvo la muerte y el amor entrelazados, aquí estuvo la muerte junto al amor entrelazada, no sabía qué tan posible era ello hasta que de repente esa amarga mañana… Me costará aún varias horas de reflexión el poder mirar estos sucesos y comprender que así tuvo que suceder.
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La luz se va, tenue pierde su brillo, el cielo se ha perdido entre densas nubes que dan un color amargo, limeño, grisáceo a este ambiente otoñal, invernal y falto de dios. Practicar el ejercicio de la escritura por la escritura misma, cuidar las palabras. Decir más que hablar. Volver a revivir en el corazón impresiones que nos han fortalecido, agotarse.
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Luego de dos años y medio de gestación el muchacho ha cobrado real forma, pronto estará por salir al mundo y poner rostro al siglo de hoy. Empezar y terminar, ver el fruto del trabajo y esfuerzo consciente es la mayor felicidad. Por ello los romanos llamaron feliz a lo productivo, a lo que da fruto, al árbol que hace surgir la semilla del mañana. Aún hay tanto más por conocer, adentrarse en el mundo antiguo hace, convierte, transforma el alma que intuye ser más longeva que el momentáneo cuerpo que habita. Sin embargo, la materialidad es también ámbito donde se muestra el ser. Ejercitar la mente, el espíritu, la consciencia, cuidar del organismo, el sistema, la carne; he encontrado esta receta en todo lugar, no se separan, pues la unidad ve siempre la manera de hacerse notar.
La prosa inmortal de los grandes hombres de todos los tiempos, las expresiones espontáneas que relucen en imágenes bellas y cósmicas. El peso y la gravedad de un pensamiento que al desprenderse de su recipiente alfabético se expande en el interior sin fondo ni perímetro.
Escribir por el gusto de dibujar trazos con tinta de colores, jugar con la idea que trae una palabra, advertir cómo es que se agudiza el sentido interno, ciertamente es toda deidad la escritura y los mejores escritores espíritus sensacionales, elásticos. Cómo fue que la palabra y el decir se solidificaron con el lenguaje inmóvil y pétreo que como miasmas hechas de trazos han sobrevivido al tiempo. Dejemos morir lo que pide ser muerto. A más vida le ha precedido la negra noche.
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Cada vez menos luz durante el día, las nubes, la lluvia tenue, viento helado y un aroma de muerte que rodea la ciudad, la gran ciudad con todos sus matices. Las estaciones fueron concebidas lejos de casa, allá no nieva, ni las hojas se acumulan en el piso, como fundiéndose en la cera. El día y la noche están algo más parejos, el ambiente mismo da una nueva vida a todo peatón, al tráfico imposible, el carácter gustoso de la bulla y la improvisación des improvisada inunda toda la calle. El silencio de estos parajes motiva la reflexión, el ser meditativo y apartarse de la multitud. Los animales animados se mantienen refugiados, invernando el invierno, quizá incubando, sensibles a la energía que rodea el mundo vivo que muere estos meses, la mirada cierra los párpados, quiere encontrar el calor escondido dentro de sí, cobijar su actividad, su inercia y automatismo. Ellos viven apartados, con la indiferencia que baña su semblante, buscan ser amigables. Soy un extranjero que vuelve a ser nativo. Una personalidad que cambia de máscaras, personas, nombres, años, vida. Un hechizo está por y a punto de dar paso a otro, entre ambos actos mágicos busco un lugar donde la psique sostenga su talante. Las horas cambian de peso, son más y menos movibles, el ánimo transita de una esquina a la avenida y los rieles, viaja, se estremece, tiene las botas goteantes y varias capas que conservan un fuego azul, verde, naranja como una fruta recién caída del árbol de la serpiente, transformándose en oro, báculo, medicina, veneno, fármaco, mudando, guardando el aliento, midiendo, zigzagueando. Girar en círculos avanzando de una espiral a otra, regresando elípticamente, siempre regresando. Sólo la tradición renueva el mundo, el ser y hasta la existencia.


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