[ lectura y crítica ] 
Gustaf Sobin, 49 escalones

Telegramas — Gustaf Sobin (traducción de Marcelo Pellegrini)

Los telegramas de Gustaf Sobin: hablar con la voz del sol

Durante 2025 la editorial inglesa Shearsman Books publicó Uncollected Poems de Gustaf Sobin (Boston, Estados Unidos, 1935 – Provenza, Francia, 2005) bajo el cuidado editorial de Esther Sobin, Andrew Joron y Andrew Zawacki. Como su título lo señala, se trata de poemas no reunidos en libro, extraídos de las muchas revistas literarias en donde el autor los publicó o de pequeñas plaquettes de escasa circulación. Según nos informa Tony Frazer en la nota introductoria, no se incluyen los poemas estrictamente inéditos pero pasados en limpio que se conservan entre sus papeles en la biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. El libro lo conforman, entonces, poemas sueltos aparecidos en revistas entre los años 1973–2000 más uno inédito de 2005 dedicado a su hijo Gabriel y escrito poco antes de morir; a ellos se les agregan varios conjuntos poéticos breves, publicados de forma privada, cuyos títulos son “Articles of Light and Elation” (1997), “Sicilian Miniatures” (1986), “Suspended Falls”, “10 Sham Haikus” (1983), “Ascension” (1964) y “Telegrams” (1963). “Suspended Falls” carece de fecha, pero los editores especulan que se trata de un conjunto cercano a “10 Sham Haikus”. Se incluye como cierre del volumen la entrevista que la poeta y ensayista mexicana Tedi López Mills le hiciera al autor, publicada en Matrices de viento y de sombra, la antología poética de Sobin que López Mills tradujo y compiló en 1999. Esa entrevista, realizada en inglés y traducida por la poeta al castellano, se publica por primera vez en su idioma original. 

Dos son las razones por las que he optado traducir, de entre todas estas novedades, “Telegrams”: primero, porque se trata de prosas poéticas (las únicas de los Uncollected Poems) muy en el espíritu de las que leyó, seguro que con mucha atención, en libros como Hojas de Hipnos, de su maestro René Char (imagino, de hecho, que el “R. C.” de la dedicatoria es ese poeta). Sobin llegó a la Provenza, en el sur de Francia, a comienzos de los años sesenta del siglo pasado a la siga de Char, a quien consideraba, con razón, una de las figuras más emblemáticas de la poesía de su tiempo. A pesar de ser muy diferentes y de tener una fuerza expresiva muy original, las prosas de “Telegrams” poseen una indudable cercanía con las de Char. Dada la importancia que tuvo ese poeta en la obra y en la vida de Sobin, hacía falta conocer en nuestro idioma una prueba palpable de esa fructífera relación. La segunda razón es que “Telegrams” data del año 1963, es decir, fue escrito cuando Sobin llevaba muy poco tiempo en Francia y recién establecía amistad con Char. Si consideramos que nuestro autor decidió que había alcanzado su madurez literaria recién en 1970, año en que comenzó a escribir poemas pensando en reunirlos en libro, estas prosas pertenecen a un momento previo a su obra. Son, por así decirlo, textos con los que se enfrentó a la posibilidad de la escritura, marcando el momento en que comenzó a plantar las semillas de lo que vendría en un futuro arropado de porvenir. No es extraño que Sobin haya optado por la prosa para realizar esa labor: en la modernidad literaria que nació con los Románticos ingleses y alemanes los poetas cultivaron la prosa imaginativa para reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de sus actos de habla poéticos. Esa práctica se sigue manteniendo hasta hoy, a pesar de las enormes diferencias que existen entre fines del siglo XVIII y nuestra época. La prosa es una manera de distanciarse y, al mismo tiempo, una forma de mantenerse dentro del ámbito que culminará decantando en poesía. Así, muchas de las preocupaciones del Sobin en verso aparecen tratadas aquí: el poeta como recolector de recuerdos terrestres y cósmicos; el diálogo de los intelectos; la magia como antecedente y fundamento de la poesía; el poema como una ideación numeral; la búsqueda de los espacios íntimos que se abren al vacío de la existencia; la ansiedad ante la página en blanco. Podría seguir con mi enumeración, pero la dejo hasta ahí como una forma de invitar a la lectura más detallada de estos verdaderos mensajes cifrados que nos ha regalado el poeta.

Rosamel del Valle dijo, con feliz expresión, que la poesía es una “visión comunicable”. Lo mismo podríamos decir de estos telegramas: comunican una idea del mundo, pero de manera oblicua, aunque no por eso menos clara. Sobin nos habla “con la voz del sol”, como dice uno de estos fragmentos, esa estrella que alimenta las semillas a modo de esperanza sobre el mundo.

Traducción y nota de Marcelo Pellegrini


Telegramas

Por Gustaf Sobin

Para R. C.

El poeta: un metafísico cuya única tarea es la descripción de los círculos.

*

El poeta: el pontífice, el constructor de puentes. Partir desde un punto conocido, una posición material. Luz sobre lo místico: el ámbito del poeta. Relacionar el uno con el otro a través de un retorno elíptico.

*

Las musas no descienden: son omnipresentes.

*

Obsesión con el proceso poético: una obsesión no menos relevante que, en otras épocas, con la magia, la alquimia, la revelación divina o el desciframiento de un rayo.

*

Comenzar de nuevo: mis cuadernos llenos de la ansiedad de las páginas en blanco; mis dedos, con el entusiasmo de las partidas hacia el mar abierto.

*

Conciencia, no intelecto: esa es mi preocupación; y abrir las puertas a los jardines estrellados de la maravilla: esa es mi relevancia.

*

En la gran elipse que arquea nuestra presencia, seré el alquimista: mis palabras serán el metal precioso de nuestro polvo: te atraparé como un cangrejo de arena con la frase de un carroñero. Tú serás, amor mío, no retratada sino existente; tus rodillas doradas se moverán bajo las sábanas de mis páginas.

*

La alquimia del poeta: traducir la emoción a la razón, y la razón a la acción silábica.

*

Contacto establecido con un bote de pesca al curricán (orlado con redes) a través de un heliógrafo. Me maravillo ante esta comunicación: el hombre que habla con la voz del sol.

*

Reubicarse acomodando la muñeca sobre el brazo, la palabra sobre la lengua. Reensamblarse: la luna en una cita amorosa con el molusco.

*

El meteoro: el poema. Concebido en las llamas primigenias y destinado, por su propia lucidez, hacia la destrucción de todo salvo la esencia, atraviesa un cuadrante no más ancho que las semillas de la granada. Alabemos al meteoro, el mensaje blanco, y a la diosa de las Perseidas.

*

Ya estoy contigo, amor mío. Existimos bajo el mismo viento, bajo las mismas aves de vuelo circular. Las anclas en el fondeadero han asegurado nuestra ecuanimidad.

*

Giro alrededor del ecuador del eje de un olmo con la memoria como raíz y la promesa como un nodo de verde ascendencia.

*

Cada mañana el poeta, como el astrónomo, debe recolectar el polvo de los meteoros en sus techos.

*

Porque tus dedos son frondas doradas, otorgándome los frutos de un sereno desayuno: almendras de oración y limones de inocencia, soy más que yo mismo. Soy el sol de la mañana, apostado sobre las frutas de mi solsticio.

*

No deberías sorprenderte, en nuestras conversaciones, si digo mis poemas. Busco una mística común y corriente.

*

La mujer te informará sobre la especie de la flor. Tú, a cambio, le hablarás de su significado.

*

Entre la ignorancia y el conocimiento: la sabiduría. Entre el conocimiento y la revelación: la poesía.

*

Consanguinidad con Fra Angelico. Tus frescos yacen aún húmedos en la celda del fraile: sus bordes se extienden hacia el techo, hacia el cielo. Tú doblas el ala del ángel. Tú preparas su ascensión. 

*

El viento, a través de las puertas de persiana, me trajo una hoja verde: un regalo, que yace entre mis viejos papeles. Buscaré, para siempre, una retribución adecuada.

*

Tú eres mi hermano de sangre y más aún por correlación: miro la albañilería de tu diseño florecer cada mañana en un árbol, en una bóveda: construido a la medida de los hombros. Miro sin discernir la piedra del arbusto y los apuntalamientos de la lagartija trepadora.

*

La preocupación del hombre por los números mágicos: la música pitagórica, la adoración cristiana de la trinidad, la matemática cartesiana. Me atengo al misterio del uno. Mi símbolo: el infinito. Mi obsesión: la inseparabilidad de ambos.

*

El poema es una esquirla, producida por la tierra: una fracción de un numeral enterrado.

*

Llego hasta la planicie, el viento en mi morral, las palabras a la búsqueda sobre mis uñas, necesitando un farmacéutico, un alquimista para traducir las crípticas ramas de mis huesos. Vengo a buscarme en la fruición cálcica.

*

Consanguinidad del poeta y el campesino: ambos, intermediarios en la fruta caprichosa.

*

La brújula no olvidará tu dirección ni el reloj de sol tu sombra. Tu trabajo será el solaz perpetuo del vagabundo: la gente del valle. Se deleitarán para siempre en la veracidad de tus nudillos.

*

El progreso es, en realidad, regresión: una vuelta a la inocencia de la primera naranja que comimos y el asombro ante su diferencia con el sol.

*

Busco una capilla más vacía que la anterior. En cambio, soy saludado por un macho cabrío, riéndose desde un campanario.

*

Su presencia en la villa causó gran conmoción. El pueblo (reunido a la sombra de sus terraplenes, recolectando hierbas) se preguntaba si él no era el poseedor de las misteriosas escrituras, o quizás, el predecesor de otra embestida violenta. Él, por su parte, estaba igualmente perplejo. Se había olvidado de la relevancia de sus pisadas.

*

Un poema: un aviario sin jaulas.

*

El hombre de hierro será forjado por el martillo del cielo sobre el yunque de la tierra. Su presencia incorruptible tendrá las marcas de su herrero.

*

El poema ensambla el pasado con el presente; afirma el presente con su imposible futuro.

*

Entierra tus esperanzas en la sombra de un pino doncel: brotarán en una verde celebración de la plenitud.

*

Mi bastón de bambú (un estándar de las junglas) pone en movimiento el movimiento de mis pasos, el metrónomo de mi sangre. Regula mis turgentes placeres, desnudos bajo los alcanforeros. Mi bastón: tiene una cabeza de maza de estrellas y un talón de grillos.

*

Ocultos entre los juncos están los dioses (como mujeres sin defectos, como ciruelas sin invierno); escondidos a lo largo del sendero del poeta, levantando su guadaña.

*

El color de la tierra está en mi piel; el viento, en mi respiración. No rasparé de mis uñas las estrellas.

*

Después de cuatro días en la planicie, vuelvo. Mi morral está lleno de piedras, de un cráneo de puma y de algunas hojas de menta prensadas en una libreta de nuevos poemas. Trato a cada uno con igual deleite.

*

Retornar a la mesa de madera, lleno de promesas, al lápiz y a las estrellas por compañía. Complacerse en el celibato.

*

El sol es mi reloj. El búho, mi cómplice nocturno.

*

Tus mechones están anudados en altivo triunfo: que un jilguero los prepare para tus almohadas.

*

Tan pronto como el ánfora asuma la forma de su portador, las estrellas reposarán armoniosamente en las efemérides del alma.

*

Nuestro trabajo ha terminado por hoy. Nuestros lápices yacen en el cobertizo de herramientas; nuestros papeles, entre los secretos del peral en flor. Encontramos solaz esta noche: dos hermanos en el comercio del pan y las palabras. Compartimos el cordero. Le prestamos atención a la mujer: ella trae a nuestra mesa el vino de nuestro sustento. Juntos, formamos un solo tríptico. Nuestro incienso se quema en el hogar; nuestras velas, un deseo de humo sobre las chimeneas.


Father’s poem

for Gabriel

…too late to do anything, now, but
begin. but recycle the spent stars on their
dec-
imated orbits–– and dahlias too. yes, dahlias, and
the blown tulips, flaked well beyond the bleached
frescoes of
memory. carve, then, for certainly the translucent
                                pores of the
fingers will swell to what the hands, in all their
rapacity, had long since
obliterated.

Gustaf Sobin
(2005)

Poema del padre

para Gabriel

…muy tarde para hacer nada, ahora, salvo
comenzar. salvo reciclar las estrellas consumidas en sus
diez-
madas órbitas–– y las dalias también. sí, las dalias, y
los estropeados tulipanes, deshojados mucho más allá de los descoloridos
frescos de
la memoria. esculpe, entonces, porque sin duda los translúcidos
                             poros de los
dedos se hincharán hasta lo que las manos, en toda su
voracidad, han por mucho tiempo
borrado.

Gustaf Sobin
(2005)
Traducción de Marcelo Pellegrini



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Comentarios

Una respuesta a «Telegramas — Gustaf Sobin (traducción de Marcelo Pellegrini)»

  1. Avatar de Sergio Madrid S.
    Sergio Madrid S.

    Se agradece

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