En tu luz veremos la luz
Defensa de Tesis Doctoral (2024)
Por Lucy Oporto Valencia
Segunda Parte
3. RECAPITULACIÓN
Capítulo I
El Capítulo I es una introducción a la concepción del Logos en Orígenes, tratada en el Capítulo II. Presenta aspectos relativos al contexto histórico-intelectual de su vida y obra, según Agustín Andreu, Daniélou y Harl. Así también, consideraciones terminológicas aportadas por Prat, y citas de la filosofía griega, sobre todo de Platón, a fin de hacer patente su influencia en Orígenes, como parte constitutiva de su pensamiento, dedicado al examen de las Escrituras.
Capítulo II
El Capítulo II se enfoca en el Logos y Sabiduría de Dios, en relación con el Padre; los títulos o aspectos de Cristo, las ἐπίνοιαι; el Espíritu Santo y la inspiración de las Escrituras, en orden al escudriñamiento de su sentido divino o espiritual.
El Libro I de De principiis concluye con la cuestión acerca del libre albedrío, adelantando así su desarrollo en el Libro III.
El Libro II examina, propiamente, la humanación del Salvador; esto es, el Hijo en cuanto a su humanidad y encarnación, y, en este marco, la unión del alma de Cristo con el Logos de Dios. Asimismo, trata acerca de la creación del mundo, que Orígenes relaciona con la cuestión de la unidad, la diversidad y el libre albedrío.
Las afirmaciones de Orígenes acerca del Hijo se dividen en dos ciclos. En Prin I. 2, se refiere a éste en cuanto a su divinidad. Mientras que, en Prin II. 6, se refiere al mismo en cuanto a su humanidad y encarnación1.
Para nombrar este segundo ciclo, Fernández prefiere el título “Acerca de la humanación del Salvador” (περὶ τῆς τοῦ σωτῆρος ἐνανθρωπήσεως), siguiendo una fórmula de la Bibliotheca de Focio (Cod. 8), por ser “más coherente con el contenido de este capítulo y con el pensamiento origeniano que afirma que el Hijo se ha hecho hombre (ἐνανθρώπεσις) y no solo que ha tomado carne (ἐνσάρκωσις)”2.
Ahora bien, dado que la Sabiduría “preforma y contiene las especies y las razones de todo” (Prin I. 2. 3); esto es, los modelos de todas las cosas, como conjunto de teoremas, Orígenes la identifica con el Logos de Dios. La Sabiduría revela dichos modelos, que son los misterios y secretos contenidos en ella, a las criaturas racionales, en la medida de su participación del Logos. De ahí que, para Orígenes, este último sea como el intérprete de los secretos de la Mente o Nous, correspondiente a Dios mismo.
En suma, el Hijo Unigénito es Camino que conduce al Padre y “Logos que explica y da a conocer a las criaturas racionales los secretos de la sabiduría y los misterios del conocimiento” (Prin I. 2. 7), iluminándolas.
No obstante, la posición de Orígenes frente a la teoría platónica de las Ideas es ambigua y problemática. Según Fernández, él rechaza “lo que considera una falsa concepción del mundo de las ideas”, cuyos representantes “imaginaron las ideas” (τὰς ἰδέας φαντασθέντες)3. Sin embargo, realiza una transposición de dicha teoría a la teología del Logos cristiano. Fernández señala una serie de expresiones de Orígenes, que dan cuenta de esta relación, conforme a la cual, el Logos y la Sabiduría constituyen el fundamento de la realidad. Por ejemplo:
1. “el Logos como sistema de teoremas” (CIo II, 126; V, fr. 5).
2. “el Logos, en cuanto Sabiduría multiforme, contiene las razones de todos los seres” (CIo XIX, 147; cf. Prin I. 2. 2).
Capítulo III
El Capítulo III introduce la concepción del libre albedrío en Orígenes, expuesta en el Libro III de De principiis, a partir de Lekkas y Prat. El primero analiza el libre albedrío y la creación del ser humano, llamado a contribuir al cumplimiento de la creación de Dios, dada su semejanza primordial con Él. En este marco, sitúa la facultad racional humana ante las opciones de progresar o rechazar dicha semejanza primordial con Dios.
Por su parte, Prat aborda la cuestión acerca del alma; la diferenciación y distinción de las naturalezas o criaturas racionales entre ángeles, seres humanos y demonios; la caída y la unidad.
Capítulo IV
El Capítulo IV se ocupa del Libro III de De principiis. Éste trata acerca del libre albedrío, en lo concerniente a sus relaciones con la providencia divina, las potencias contrarias o demonios, sus pensamientos opuestos al conocimiento de Dios, la creación del mundo, la caída de los racionales y la escatología.
El libre albedrío, τὸ αὐτεξούσιον –también discutido por los estoicos– es uno de los conceptos más problemáticos en la obra de Orígenes. Por un lado, lo concibe como un don de Dios. Por otro, su contenido expresa el peso de la responsabilidad –“lo que depende de nosotros”, τὸ ἐφ’ ἡμῖν–, necesariamente implicado en la capacidad de decisión y discernimiento entre el bien y el mal, lo cual presupone una disposición a la búsqueda de la verdad.
Capítulo V
El Capítulo V expone las apreciaciones de Prat, Daniélou y Harl acerca de la exégesis origeniana.
Basándose en el Timeo, entre otras obras de Platón, Orígenes afirma la correspondencia entre mundo sensible y mundo inteligible, por oposición al dualismo de los gnósticos. No obstante, pese a esta patente influencia, prefiere atenerse a las Escrituras. Por ejemplo, Rm 1, 20: “Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad (…)”4.
De acuerdo con Harl, la exégesis origeniana expresa una visión simbólica del mundo material e histórico, entendido como imagen de la verdad, que vela y revela a la vez. Por lo tanto, Orígenes otorga un valor positivo a las imágenes del mundo material: lo sensible puede ser una alegoría o una analogía de lo inteligible.
Entonces, si tales distinciones son aplicadas al Hijo, éste aparece como una verdad figurativa, ya que el ser humano es incapaz, de suyo, de recibir la verdad de Dios todopoderoso. Por consiguiente, según dicha concepción figurativa del Hijo, Él es la verdad presentada en el mundo sensible y humano a través de la encarnación, ya que estos últimos pertenecen al orden de la imagen, y no al de lo real inteligible, correspondiente al mundo invisible.
Capítulo VI
El Capítulo VI presenta la exégesis origeniana, según el Libro IV de De principiis, relativo a los misterios de las Escrituras y las dificultades que entraña discernir el contenido y significado de las figuras, los τύποι. Sin embargo, para Orígenes la comprensión en Cristo es la llave del conocimiento de tales misterios presentados en sombra y enigma, y a través de palabras oscuras.
De ahí, su método exegético para escrutar el sentido espiritual de las Escrituras, a partir de sus propios principios exegéticos. Esta fórmula remitía a los gramáticos alejandrinos, en términos de: “Aclarar Homero con Homero”. Mediante su aplicación, Orígenes buscaba elucidar pasajes oscuros de las Escrituras, recurriendo a pasajes parecidos, pero menos difíciles de interpretar.
Capitulo VII
El Capítulo VII expone las relaciones entre conocimiento, regla de fe y filosofía en De principiis, desde los puntos de vista de Prat, Bardy, Harl y Fernández. Incluye especificaciones terminológicas de Lothar Coenen, Silvia Magnavacca, y de Hans Waldenfels enfocadas principalmente en la Biblia. Aborda la regla de fe en Orígenes, el carácter sistemático de su teología, sus relaciones con la filosofía de su tiempo, y sus afirmaciones acerca del conocimiento de Dios.
Un elemento capital que fundamenta el sistema de Orígenes es la libertad humana. En respuesta a los gnósticos, señala que el mundo, con su variedad de seres y la materia, no es un orden malo, obra de un demiurgo, sino un orden segundo, organizado por Dios a partir de la realidad del pecado y la caída, para la ἀποκατάστασις o restauración de las criaturas espirituales a su integridad originaria.
Daniélou concluye que el sistema de Orígenes se basa en dos elementos fundamentales: una providencia benéfica y criaturas libres. De una parte, la presciencia, el Espíritu, el Logos y la Sabiduría, trascendentes y relacionales al mismo tiempo. De otra, las criaturas racionales, a las cuales Dios concedió el don del libre albedrío como capacidad de discernimiento entre el bien y el mal. Y, en último término, como capacidad de decisión entre aceptar o rechazar a Dios: entre buscar o no la salvación y el conocimiento divino.
Harl sostiene que, durante los siglos I y II d. C., era persistente el uso de términos relativos al conocimiento, tales como: γνῶσις [con la connotación de conocimiento profundo y verdadero], ἐπίγνωσις [reconocimiento, pleno conocimiento], φανέρωσις [manifestación], γνωρίζειν [llegar a conocer], ἀποκαλύπτειν [revelar, descubrir, manifestar]5. Los cristianos de las primeras generaciones evocan su estado anterior como uno de ignorancia y muerte.
Por otro lado, según Magnavacca, en lo concerniente al conocimiento, durante los primeros siglos del cristianismo, la fides:
es considerada como suprema forma de certeza en lo que respecta a la visión de la vida y del destino humano, y por esta razón, ningún pensador de la Patrística, ni tampoco de la Escolástica, se refiere a este concepto como a una forma gnoseológica imperfecta, sentido que sólo se retomará en plena modernidad, especialmente con Locke6.
Capítulo VIII
El Capítulo VIII presenta las relaciones entre conocimiento y fe en De principiis, desde el punto de vista de su autor.
Orígenes concibe la fe en relación con el conocimiento: es continua con éste y, en tal sentido, ambos se integran en una forma de conocimiento superior tanto a la simple fe como a la sola razón.
En esta línea, la historia de los términos μυστήριον y μυστικός parece estar implícita en Orígenes: desde “secreto” y “oculto”, significados que remiten al antiguo culto de los misterios en la Grecia arcaica, hasta su plasmación madura en su concepción de la exégesis alegórica, espiritual o tipológica.
Platón, que tanto influyó en Orígenes, relaciona la imagen del culto de los misterios con el proceso de conocimiento del ser inmutable, concibiéndolo como una vía sagrada (Teeteto 155e). Orígenes mismo estableció una analogía entre el exégeta bíblico y el sacerdote santo, entre otras representaciones, coincidiendo así con dicha concepción platónica de la iniciación y el conocimiento7.
A la luz de estos argumentos, los fines que lo motivaron a proponer su método de exégesis alegórica son los siguientes: aclarar aquellos puntos de la regla de fe que los apóstoles no explicaron de modo suficiente; fortalecer su propia formación, a fin de poder discutir argumentativamente con los judíos, los gnósticos y los simples; su propio deseo de la realidad misma y del conocimiento de Dios, especialmente en lo concerniente a los bienes futuros. Y, por último, su propia inteligencia espiritual, arraigada en las profundidades de Dios, que le exigía ir más allá de la regla de fe de su tiempo, dado el alcance infinito tanto del conocimiento de y acerca de Dios como de los misterios inefables de las Escrituras.
Tal es la connotación y el contenido de fortalecer la fe con la razón.

4. CONCLUSIONES PRINCIPALES
1. El presente trabajo propone una integración entre conocimiento, fe y misterio.
El propósito inicial de Orígenes, consistente en fortalecer la fe con la razón, apunta a un proceso de transformación de la fe, entendida como don de Dios, a través de la oración y el ejercicio de la exegesis alegórica.
Si para Orígenes las Escrituras que encierran los misterios inefables de Dios son Cristo, Logos y Mediador entre Dios y los racionales, entonces su escudriñamiento implica un proceso de purificación espiritual que exige la continuidad de conocimiento y fe, a la luz de una sabiduría en el misterio. Orígenes se basa sobre todo en Pablo (cf. 1 Co 2, 6-11), para quien ésta consiste en una experiencia interior en el Espíritu Santo, que supera los sentidos, la inteligencia y cualesquiera capacidades humanas.
Ahora bien, Pablo no se refería a prácticas cultuales, sino al misterio de Dios como fundamento último de la realidad y causa de todas las cosas. Su conocimiento plenamente revelado en el fin de los tiempos era, para Orígenes, la esperanza de alcanzar una forma de beatitud.
Por consiguiente, el μυστήριον corresponde a una inteligencia y una razón suprarracionales, con vistas al conocimiento de Dios, a partir de la fe como deseo de la realidad misma, en que tal realidad fundamental e inescrutable es Él.
2. Según Harl, el Hijo puede ser llamado Logos, porque anuncia los misterios ocultos de su Padre. Éste es la inteligencia, νοῦς. Mientras que aquél es el lenguaje, λόγος. En esta línea, la reunión del hombre Jesús con el Verbo divino, el Logos, es un ejemplo de unión del hombre con Dios. Entre ambos, Orígenes sitúa el parentesco, referido a la inteligencia. Éste apunta a las nociones de imagen, analogía y participación, propuestas con el fin de describir el mundo creado por Dios. Guardar dicho parentesco es condición de posibilidad de que el ser humano acceda al conocimiento divino y se asimile a Él, pues sólo lo semejante conoce lo semejante, conforme a la fórmula compartida por Platón y varios otros filósofos griegos.
3. Harl propone una relación entre revelación y conocimiento, mediante su concepto de función reveladora, según el cual, Cristo hace conocer a Dios. De ahí que “revelación” tenga la connotación de enseñanza, manifestación y demostración de Dios, a través de Cristo.
4. Mark J. Edwards indica el siguiente pasaje, basado en el Salmo 35, como paradigma de la aplicación del razonamiento filosófico a la exégesis bíblica: “En tu luz veremos la luz, es decir, en tu Logos y en tu Sabiduría, que es tu Hijo, en él te veremos a ti, Padre” (Prin I. 1. 1)8.
En consecuencia, Orígenes entiende la exégesis alegórica y espiritual de las Escrituras como método de estudio y escudriñamiento de sus misterios inefables, cuyo fin es alcanzar el conocimiento de y acerca de Dios. Conforme al espíritu de su época, la fe en tanto deseo de la realidad misma no excluía una actitud filosófica de indagación y entendimiento de las cosas, los fenómenos de la realidad y el acontecer, inspirada e infundida por el propio Espíritu Santo.
5. Un texto fundamental, ampliamente citado por los estudiosos de Orígenes, se refiere a la inspiración de las Escrituras y su exégesis. Según él, si Jesucristo es Dios y las Escrituras le pertenecen, entonces quien se aplique con atención y diligencia a su lectura llegará a la convicción de que “no son escritos de hombres aquellos que nosotros hemos creído que son palabras de Dios”. Y, a continuación, poniendo de relieve la dimensión escatológica y cristológica de la exégesis alegórica, afirma:
Y la luz que se contiene en la ley de Moisés, que ha sido encubierta por un velo, brilló con la venida de Jesús, pues fue quitado el velo y, en breve, se dieron a conocer los bienes de los cuales la letra contenía una sombra (Prin IV. 1. 6).
Este pasaje sintetiza tanto la estructura de De principiis como el punto de vista fundamental de Orígenes, ya que involucra la dinámica de todos los elementos de su sistema, incluida, desde luego, la Trinidad: Cristo, que es Logos y Sabiduría de Dios; la revelación, la encarnación y la humanación del Salvador; el libre albedrío; los mundos visible e invisible; la inspiración; la regla de fe; la integración de conocimiento y fe; los misterios inefables de Dios y las Escrituras, relativos a los bienes futuros; la exégesis alegórica como don otorgado por el Espíritu Santo.
6. Autores como Karl Rahner, Patricia Ciner y Andreu se han referido al carácter suprarracional (y no irracional) del misterio, en términos de una racionalidad eminente, superior en alcance y profundidad a la razón humana.
Asimismo, para el propio Orígenes y algunos de sus antecesores, el cristianismo era una γνῶσις, estrechamente relacionada con la πίστις. En ese tiempo, la fe era entendida como carisma para entender los misterios de Dios, de los que la γνῶσις guardaba su clave: si las tinieblas de la muerte corresponden a la ignorancia y el pecado, Cristo conduce a los seres humanos a la vida nueva, que es conocimiento y santidad. Por Él, los creyentes tienen la certeza de haber recibido el conocimiento de Dios. Entonces, a la fe siguen, necesariamente, el conocimiento y la sabiduría.
7. Ahora bien, las relaciones entre conocimiento, fe y misterio, que se desprenden de De principiis, implican contemplar la fe, a lo menos, en dos aspectos.
Primero, como fundamento firme, en concordancia con la imagen de la roca, que es Cristo en cuanto Sabiduría subsistente de modo sustancial (Prin I. 2. 2), o entidad independiente y real que permanece en Dios, su fundamento, de modo esencial y no accidental. Más aún, tal expresión se refiere a la Sabiduría en cuanto sustancia o realidad esencial que subsiste o permanece en su propio fundamento, en razón de lo cual subyace a otras realidades, constituyéndolas de suyo. Tal es el caso de los sabios, constituidos por la Sabiduría.
Y, segundo, como aquella actitud de creencia, confianza, asentimiento y adhesión respecto de dicho fundamento. Sin embargo, tal actitud presupone no sólo el libre albedrío, inherente a los racionales, sino también la iluminación de las facultades humanas por el Espíritu Santo; esto es, su disposición en orden al conocimiento de la condición humana y el mundo, en virtud de su gracia y, así, enfrentar la ignorancia, la maldad y el pecado.
8. La relevancia filosófica y la vigencia de De principiis –y del resto de la obra de Orígenes–, radican en sus nexos con la filosofía de su tiempo, enraizada tanto en tradiciones y concepciones anteriores como en el proceso de desarrollo de sus propias aportaciones. Pero, por sobre todo, radican en dicha actitud filosófica fundamental, abierta al conocimiento infinito de la realidad, de la naturaleza humana, y de Dios.
Más allá de sus notas específicas, De principiis constituye una vasta reflexión acerca de la naturaleza o condición humana de todos los tiempos, enfrentada a conflictos radicales, tales como la irradiación del mal. O aquél entre la evidencia de la injusticia que suele darse en las cosas humanas o la tardanza de la divinidad en castigar, y la afirmación de la providencia divina.
9. La fórmula propuesta, la cifra de Dios es Dios mismo, sintetiza la perspectiva de la presente indagación. Describe la integración de conceptos, interrogantes, hipótesis y proposiciones, que Orígenes expuso en su calidad de investigador y a modo de ejercicio, y no como un producto definitivo. Al cabo, De principiis registra un proceso de conocimiento, que él dejó abierto a nuevas consideraciones, quizás en un futuro remoto.
Valparaíso, noviembre 2024 / marzo-abril 2026
LUCY OPORTO VALENCIA (Viña del Mar, 1966)
Escritora, columnista en Ex-Ante.
Licenciada en Filosofía UV (2001). Doctora en Filosofía PUCV (2024), con la tesis En busca de la cifra de Dios: conocimiento y fe en De principiis, de Orígenes de Alejandría.
Colabora con la revista Ciudad de los Césares.
Autora de:
Una arqueología del alma. Ciencia, metafísica y religión en Carl Gustav Jung (Editorial USACH, 2012).
El Diablo en la música. La muerte del amor en El gavilán, de Violeta Parra (Altazor, Viña del Mar, 2008. Editorial USACH, 2013).
Los perros andan sueltos. Imágenes del postfascismo (Editorial USACH, 2015).
La inteligencia se acrecienta en la Nada (Inubicalistas, Valparaíso, 2016).
Cine, humanismo, realidad. Textos reunidos de Sergio Salinas Roco (Editorial USACH, 2017).
He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza. Ensayos de crónica filosófica (Katankura, Santiago de Chile, 2021).
Notas
- Cf. Prin II. 6. 1, nota 3, p. 413.
↩︎ - Prin II. 6. 1, nota 1, p. 413.
↩︎ - Orígenes, Contra Celso VI, 4. Prin II. 3. 6, nota 95, p. 363.
↩︎ - Cf. Marguerite Harl, Origène et la fonction révélatrice du Verbe Incarné (Paris: Éditions du Seuil, 1958), 142, nota 8: Timeo 29a, 30d, 92c. Rm 1, 20, Biblia de Jerusalén.
↩︎ - Cf. Ibid., 76. Γνωρίζω: llegar a conocer, descubrir o adquirir conocimiento. Ἀποκαλύπτω: descubrir, desnudar; revelar, dar a conocer. José M. Pabón S. de Urbina, Diccionario bilingüe. Manual Griego Clásico-Español (Barcelona: VOX, Larousse Editorial, 2016).
↩︎ - Silvia Magnavacca, Léxico técnico de filosofía medieval (Buenos Aires: Miño y Dávila, 2005), 289-290.
↩︎ - “Así la religión es la religión del Logos. Y la religión fue fundada cuando se fundó el pensamiento. Religión es la vida divina comunicada. Y la comunión esencial que entre el Padre y el Logos hay, es la comunión misma que el Logos creador y salvador da al mundo. En la corriente del trabajo del Logos aparecen las religiones particulares, con reverberos del Logos todas. Y el Logos trabaja reuniendo en un haz de luz todos esos destellos. Es un Logos buscador y unificador”. Agustín Andreu, El Logos alejandrino (Madrid: Siruela, 2009), 25.
↩︎ - Cf. Mark J. Edwards, “Origen” [on line]. Stanford Encyclopedia of Philosophy. The Metaphysics Research Lab. Center for the Study of Language and Information, Stanford University, Stanford, 2018.
↩︎
*Imagen de portada: Ermitaños egipcios.


Deja un comentario